EL PEQUEÑO TIRANO ROJO



Ya se habían cumplido todas las profecías en la tierra de las oportunidades, las grandes torres que Nostradamus había señalado en sus vaticinios habían sido derrumbadas y parte de Manhattan había ardido en llamas. La maldición del white lighter o el Club de los 27 se había cumplido al pie de la letra, ya habíamos tenido un presidente negro, un Papa hispano y los enfrentamientos en el Medio Oriente por la Tierra Santa estaban ocurriendo según la Biblia.


¿De qué nos habíamos olvidado? ¿Cuál fue el detalle que se le escapó a Nostradamus, orishas y demás oráculos? Esto, un pequeño fragmento, una nota marginal en las escrituras, tal vez ignorada por ilustres historiadores que no quisieron embarrar sus predicciones con algo tan breve pero abyecto.


Fue así como apareció en nuestras vidas un personaje que tenía vocación de tirano y desde luego ejercía su tiranía en su pequeño mundo de reinas de belleza, empleados serviles o concursantes amedrentados por las cámaras de televisión. Hasta allí se trataba de un reality show, de un performance televisivo que podías cambiar desde la comodidad del control remoto.


¿Cuando fué que ese dispositivo mágico, dictatorial, tiránico se nos echó a perder y ya no pudimos seguir controlando la realidad virtual y ese pequeño tirano rojo que era un personaje de la caja boba y magazines de farándula pasó a ser de carne y hueso y empezó a alternar en nuestros asuntos más solemnes? ¿Cómo es que un personaje inventado en la resaca de la opulencia y construido en los confines de la irresponsabilidad y la patanería se convirtió en el hombre más fuerte del planeta?


Bueno, hay muchas teorías, pero yo solo tengo una: Nosotros no somos lo que decimos ser, ni somos lo que creemos ser o lo que aparentamos ser. Es decir, operamos en un modo denominado Políticamente correcto, pero nuestro “defaul”, nuestro modo operativo de fábrica es otro. Odiamos, mentimos, envidiamos , hacemos trampa, juzgamos, prejuzgamos, fingimos pero no nos atrevemos a reconocerlo. Nos apresuramos a reconocer el altruismo de nuestros líderes, la bondad de nuestros maestros, el sacrificio de nuestros soldados, la generosidad de nuestros gobernantes, la inocencia de nuestros niños, sin embargo, coleccionamos armas de largo alcance en nuestros sótanos, ponemos cercas de alambre en nuestras casas, cámaras de seguridad en nuestros techos, desconfiamos de los vecinos.


Y llegó ese personaje que no era precisamente un ejemplo de corrección política, sino todo lo contrario, dispuesto a hablar de nuestras frustraciones, dispuesto a acusar sin fundamentos, mentir sin remordimientos ni consecuencias, acosar sin límites y sobre todo liberarnos de toda la culpa reprimida, porque, aquí , entre nos, no hay nada mejor que echarle la culpa al otro de nuestras taras y falencias.


Fue así que el pequeño tirano rojo, un ser nativo de la realidad virtual pasó a ser el hombre más poderoso del planeta. Aunque su progenie lo impugna y descalifica, una multitud borracha y enardecida lo vitorea en sus mítines, celebra sus burlas y capitalizan sus mentiras. En realidad no tiene pasta de tirano, no tiene decisión propia ni rumbo cierto, sus argumentos se limitan a soliloquios y diatribas incontestables, por eso rehuye de las ruedas de prensa y las conversaciones formales, tiene poco o nada qué decir. No conoce la historia ni la estadística , no maneja cifras ni palabras del orden jurídico o científico, por eso se mofa de la gente y usa apelativos para referirse a sus opositores. Siembra la duda, salta a conclusiones sin fundamento o apresuradas, el sentido común es su enemigo. Para llegar a ser tirano tendría que tener el valor para asumir sus responsabilidades, enfrentar a sus detractores, ser coherente y consecuente con sus ideales, persuadir o enfrentar a inconformes. Pero el pequeño tirano rojo prefiere mandar a otros a matar o morir. Ya una vez corrió a un bunker cuando escuchó un ruido de balas.


Como colofón de esta pequeña historia, aquí,  la parte sensata de la población, quienes se niegan a sucumbir en el formato virtual de vidas creadas para la televisión o la vida real, no suscriben el escarnio ni violencia rampante por parte de quienes se creen y sienten distintos y superiores. No suscriben el abuso sistemático hacia las minorías de cualquier color, no suscriben el abuso de género, orientación sexual, condición económica o situación legal. El pequeño tirano rojo recomienda la ingestion de desinfectantes y químicos para curar el coronavirus. El pequeño tirano rojo es solo una excusa para aquellos que han vivido toda una vida de frustraciones coleccionado armas como también odio, por eso salen ahora a disparar a su libre albedrío, desde El Paso, Texas hasta Kenosha, Wisconsin, porque él les ha dado ese derecho.


Angel F Garcia.

New York, Setiembre 2020.


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